jueves, 17 de mayo de 2018

Dublín (II): Segunda Parte

"Demosthenes by the seashore" - Eugene Delacroix, National Gallery of Ireland
Después de visitar las zonas verdes más céntricas de Dublín nos dirigimos a la Galería Nacional de Irlanda, un museo pictórico y escultórico gratuito que expone unas 800 obras de su colección europea, bastante flojo en comparación con otros que ya visitamos en otros países. Tiene una selección de pinturas de finales del s.XIX y principios del s.XX, con algún cuadro destacado de Monet o Van Gogh y alguna escultura de Rodin. También ofrecía en aquel momento dos exposiciones de pago dedicadas a Caravaggio y Vermeer, a las que decidimos no entrar ya que suponían una colaboración con la National Gallery londinense que ya habíamos visitado un par de años atrás. 

"Pierrot" - Juan Gris, NGI
"Rooftops in Paris" - Vincent Van Gogh, NGI
También en el centro de Dublín está el Museo Nacional de Irlanda, otro museo gratuito dedicado a la historia y arqueología del país. Personalmente nos suelen gustar mucho esta clase de museos, donde se refleja lo más significativo y representativo de la historia y el arte de cada país. La exposición se divide en cuatro apartados dedicados a arqueología, historia natural, vida en el campo y artes decorativas, los dos últimos ubicados fuera de Dublín, en la ciudad de Castlebar.

Museo Nacional de Irlanda, sección de Arqueología e Historia
"Campana de San Patricio", Museo Nacional de Irlanda
"Broche de Tara", Museo Nacional de Irlanda
En el edificio central del National Museum of Ireland se pueden ver diversas muestras de las raíces y cultura celta irlandesas, entre ellas piezas muy destacadas como el Broche de Tara, la campana de San Patricio y varios cálices cristianos de la época medieval. También tiene una pequeña muestra del paso vikingo por Irlanda y alguna recopilación de arte egipcio y de piezas cerámicas de Chipre.

Iglesia de Santa Ana
Castillo de Dublín

Terminada la ronda museística nos acercamos al Castillo de Dublín, un bonito conjunto construido sobre un asentamiento defensivo anterior a la época vikinga. Durante ocho siglos el castillo fue la sede del gobierno colonial y posteriormente un referente político de la independencia irlandesa, con su entrega a Michael Collins en 1922. En la actualidad se utiliza como sede de celebración de recepciones y actos oficiales.
Capilla Real, Castillo de Dublín
Castillo de Dublín
La visita guiada por los salones cuesta 10,00 € y dura alrededor de 45 minutos, pero se realiza sólo en inglés. Nosotros tampoco estábamos muy convencidos de querer ver las suntuosas habitaciones del castillo, así que finalmente decidimos no entrar. Sí tomamos alguna foto del patio central y los exteriores.

The Record Tower, Dublín Castle
The Record Tower, panel informativo. Dublín Castle
The Record Tower es la única torre que se conserva del castillo y, de hecho, la única torre medieval de todo Dublín que permanece en pie. Los Dubhlinn Gardens son los jardines aledaños al conjunto del castillo, que tienen una curiosa disposición de motivos celtas en el el césped central.  
 
Castillo desde los Dubhlinn Gardens

En uno de los laterales del Castillo de Dublín se encuentra la Biblioteca Chester Beatty, un lugar muy recomendado por nuestra anfitriona hispano-dublinesa, conociendo nuestros gustos. Se trata de un pequeño museo (sí, volvimos a los museos) que expone de forma permanente una selección de manuscritos, libros, papiros, ilustraciones y caligrafías realmente interesante. Los fondos de la biblioteca están divididos según el origen de los objetos: Lejano Oriente (China, Japón y otras zonas del sudeste asiático); Zona Islámica (Arabia, Turquía, India, etc); y Asia Occidental y África (Egipto, Etiopía, etc). Son colecciones preparadas con muchísimo mimo, en las que se pueden apreciar a la perfección las diferencias entre unas culturas y otras según sus obras caligráficas y sus estilos ilustrativos.

The Chester Beatty Library
En una sala permanente se incluye una muestra de arte sacro y miniaturas de todas las religiones tradicionales, muchas de ellas talladas en jade. En el momento en que nosotros visitamos la Chester Beatty había también una exposición temporal titulada "The art of friendship: Japanese Surimono Prints", que recogía unas elegantes postales que se intercambiaban los artistas en los círculos culturales de Japón y China durante los s.XVII y XVIII. Estas tarjetas incluían algún tipo de verso o cita literaria además de las ilustraciones y solían enviarse en Año Nuevo u otras ocasiones especiales.


Autofoto ante la Chester Beatty Library
Finalizada la visita a la Chester Beatty Library, en cuyas exposiciones no están permitidas las fotografías, cerramos el intenso día cultural para acercarnos a uno de los símbolos de Dublín, la estatua de Molly Malone. Esta obra está situada ahora en la calle Suffolk, ya que las obras del tranvía que atraviesa la ciudad obligaron a trasladarla desde su anterior ubicación en Grafton Street. Cuando visitamos Dublín las obras todavía continuaban, así que no sé si ésa será la ubicación definitiva de Molly, con su carro de pescado y sus sobados pechos. Esta estatua es sin duda un referente dublinés así que ahí nos hicimos la última foto de la jornada antes de coger precisamente el tranvía para volver a casa y tomarnos un merecido descanso. 

Estatua de Molly Malone, Suffolk St.
*** Haz click en las fotos para ampliar.
*** (Continuará...)

miércoles, 2 de mayo de 2018

Dublín (II): Primera Parte

The Bleeding Horse, uno de los pubs clásicos de Dublín
Como en todo viaje que aparece por Lillusion, también en esta ocasión el señor con bigote y yo habíamos planificado nuestra visita a Dublín para sacar el máximo partido a las horas disponibles. Teníamos claro que uno de nuestros primeros objetivos era el Trinity College, así que hasta allí nos dirigimos tras abandonar nuestro cálido hogar de acogida temporal.

Barriles de cerveza a la puerta de un pub
Decidimos ir caminando al centro, en parte para calcular en qué distancias nos movíamos desde nuestro barrio hasta el meollo de la ciudad, y en parte para ir disfrutando de las calles de Dublín. No digo que fuera un error pero realmente los barrios periféricos de la ciudad no tienen gran atractivo para pasear y a partir de ese momento decidimos que era mucho más eficaz utilizar el transporte público y ganar tiempo. Por el camino sí pudimos ver el despertar de un Dublín cargado de barriles de cerveza y pubs centenarios, señal inequívoca e identificativa del carácter irlandés. 

Entrada al Trinity College
Llegamos al Trinity College en un día soleado y rodeados de bastantes turistas. Esta universidad data de 1592 y es la más antigua de Irlanda. Todos los edificios tienen su entrada en torno a una gran plaza central y en los aledaños se sitúan varias zonas verdes y de juego. El conjunto es realmente bonito y deja traspasar toda esa vida universitaria y multicultural que se espera de un campus con más de 15.000 estudiantes, muchos de ellos de intercambio. Ni que decir tiene que había españoles por todas las esquinas, como ya es habitual en todos los destinos turísticos europeos.

Trinity College
"Sfera con Sfera", estatua de Pomodoro en el Trinity College
La biblioteca del Trinity College constituye la biblioteca de investigación más grande de Irlanda, con más de 4,25 millones de libros. Dentro de este conjunto, la joya de la corona es sin duda The Old Library (La Vieja Biblioteca), que alberga el famoso Libro de Kells. Este manuscrito, que data del año 800, contiene cuatro evangelios del Nuevo Testamento y fue bellamente ilustrado por monjes celtas. El Libro de Kells está considerado como la pieza mejor conservada del cristianismo celta y se exhibe de forma permanente en una sala anexa a la Old Library. 

He de decir que nuestra gran ilusión por ver el Book of Kells se chafó un poco al entrar en el recinto y ver en qué consistía la muestra. La entrada cuesta 13,00 € y te da acceso al conjunto del libro y la biblioteca. El libro se encuentra en una sala oscura (lógico por temas de conservación de la obra) dentro de una vitrina, abierto en una página fija y acompañado por otros dos o tres ejemplares de manuscritos ilustrados de la misma época. Para verlo un poco de cerca hay que hacer esfuerzos, ya que la gente se agolpa sobre la vitrina y el libro tampoco es un objeto muy grande. En el resto de las salas casi todo son paneles explicativos de la época histórica de la que data la obra, imágenes ampliadas del libro y un par de muestras del tipo de tinta empleada para las miniaturas.

Acceso a la sala del Libro de Kells
No sé si ya he dicho en ocasiones anteriores lo mucho que odio las exposiciones con paneles explicativos, que realmente no aportan a las muestras más que datos históricos que podrían leerse en la Wikipedia o en cualquier libro. Una cosa es situar la obra geográfica y temporalmente por medio de paneles, algo totalmente necesario, pero que el centro de una exposición sea un único objeto rodeado de rótulos de "cómo se hizo" y fotos ampliadas del mismo objeto... pues no me acaba de convencer. Realmente nos pareció una entrada cara para ver tan poco. 

No se permiten fotos en la zona de exposición, pero para que os hagáis una idea de lo que vimos allí está este enlace. Hay una preciosa película muy adecuada para entender la historia de esta pieza, que nos recomendó un amigo residente en Irlanda durante varios años, "El secreto del libro de Kells". Se trata de una obra de animación que narra la creación y conservación del manuscrito por parte de los monjes celtas. Nosotros la vimos antes de viajar a Irlanda y nos encantó. Visualmente es una preciosidad y la música irlandesa que la acompaña una delicia.

The Long Room, dentro de la Old Library del Trinity College
Detalle de la Old Library
Busto en una de las secciones de la Old Library
Otra sección de la Old Library
Por suerte, tras atravesar un pequeño hall accedimos a la otra pieza de la exhibición, la Vieja Biblioteca, una estancia realmente impresionante, impregnada de historia, que nos resarció un poco por la decepción de la sala del libro. Dentro de la Old Library, la Long Room es la arteria central de la biblioteca y acoge más de 200.000 ejemplares de los volúmenes más antiguos del Trinity College. Son 65 metros de largo repletos de estanterías, catalogadas alfabéticamente, y encabezadas por bustos de los más destacados escritores y pensadores de todos los tiempos. El lugar enamora, ciertamente.

The Long Room, Old Library. Trinity College
Tras esta visita, nos acercamos caminando hasta alguno de los pulmones verdes de Dublin, el parque Stephen's Green y el cercano Merrion Square, donde se encuentra el monumento a Oscar Wilde. Este último conjunto son 3 estatuas proyectadas y elaboradas por el artista británico Danny Osborne que representan al propio Wilde, a su esposa Constance Lloyd embarazada y el torso de Dionisio, Dios griego del vino.

Stephen's Green
Estatua de Oscar Wilde en Merrion Square
Conjunto escultórico de Danny Osborne en homenaje a Wilde
*** (Haz click en las imágenes para ampliar).

*** (Continuará...)

sábado, 14 de abril de 2018

Dublín (I)

Teide al fondo, dejando Tenerife
No creeríais, queridos lillusianos de pro y visitantes accidentales, lectores todos, que ya os habíais librado de las reseñas de viajes pasados, incluso añejos me atrevería a decir. Pues no, aquí vuelvo por mis fueros para compartir con vosotros el viaje a Dublín, capital de la gemela gallega Irlanda, que realizamos en mayo de 2017. Puede que algunos hayáis visto ya alguna foto de ese viaje en mi Instagram por aquel entonces, pero igualmente ilustraré estas revisiones con ésas y otras imágenes. 

Nuestro viaje comienza a principios de mayo en Tenerife, con un transbordo en Madrid hacia tierras irlandesas. Habíamos barajado la posibilidad de un vuelo directo, porque casi siempre resulta mucho más cómodo y ganamos mucho tiempo teniendo en cuenta que nos desplazamos desde las islas, pero no encontramos ninguna opción que nos dejara en Dublín a una hora decente. Como nos alojábamos en casa de unos amigos no queríamos trastocar su rutina habitual con nuestra llegada a deshora, así que finalmente elegimos una combinación con Iberia bastante ajustada a nuestras necesidades, con un tiempo de espera entre vuelos de apenas una hora.

Primeras tierras irlandesas desde el avión
A las cinco y media de la tarde aterrizamos en el aeropuerto de Dublín, situado a unos 15 km. del centro de la ciudad. Elegimos trasladarnos hasta nuestro destino en autobús, utilizando una de las dos líneas especiales que realizan esos trayectos desde el aeropuerto hasta distintas zonas de la capital irlandesa y pueblos aledaños. Nosotros nos decantamos por el Aircoach básicamente porque fue la primera parada que encontramos al salir de la terminal. El precio del trayecto nos costó 8,50 € por persona, aunque varía según la zona de la ciudad a la que te dirijas. El autobús es bastante cómodo, con espacio para las maletas y WiFi gratis.

Aeropuerto de Dublín con carteles en gaélico
La primera sensación al llegar al aeropuerto es que has entrado en un país mágico donde se habla en lengua élfica. Vale, no, es gaélico, lengua co-oficial de Irlanda que figura al lado del inglés en casi todos los carteles de lugares públicos del país, en un intento firme por mantenerlo vivo. Os advierto que no se entiende nada de ese idioma salvo que tengas algún conocimiento previo, aunque ciertamente tampoco lo hablan muchos irlandeses en la actualidad. Prácticamente toda la población se expresa en inglés, pero cuidado si piensas que tu nivel Avanzado 1 de la Escuela de Idiomas te servirá para comprender lo que te digan: ¡error! El acento irlandés se las trae y a mí me costó un riñón entender gran parte de lo que me decían en restaurantes o establecimientos. Al final acabas asintiendo y señalando con vehemencia lo que quieres, que es el idioma universal, y casi nunca da problemas. Si conseguimos hacerlo en Berlín sin saber ni papa de alemán cómo no íbamos a poder hacerlo igual o mejor en Dublín!

Desde el autobús, igualito que Galicia!
Como llegamos ya tarde a Dublín apenas tuvimos tiempo para dejar nuestras cosas y salir a dar una vuelta por el barrio donde nos alojábamos, Ranelagh, una zona residencial con supermercados, restaurantes y servicios varios, a unos 20 minutos caminando del centro de la ciudad. Nuestros anfitriones nos llevaron a cenar a un local muy de moda, TriBeCa, con una amplia carta de tortillas, hamburguesas gourmet, ensaladas y carnes. 

Tras un pequeño paseo por el barrio, nos dispusimos a descansar para acometer al día siguiente nuestro primer día de visitas en Dublín, con una agenda repleta de (sí, sé que lo estáis esperando)... museos! :P
 
Barrio de Ranelagh, donde nos alojamos

*** Haz click en las fotos para ampliar.
*** (Continuará...)

viernes, 16 de marzo de 2018

Cerrando etapas

Hace unas cuantas semanas decidí cerrar una etapa laboral y abrir el espacio necesario para que entrara aire en mi vida. El trabajo me absorbía física y emocionalmente día tras día, sin dejarme tiempo ni ánimo para dedicar atención a las cosas que antes me hacían feliz y de las que este blog es fiel reflejo. Dejé casi de leer, porque me acostaba tarde y mi momento de lectura nocturna no tenía horario fijo. Dejé de correr porque los horarios por turnos hacían imposible marcarme una rutina deportiva. Dejé de ganchillar porque, como muchos sabéis, tenía un pinzamiento en un nervio de la mano derecha por forzarla en el trabajo. Apenas coincidía con mi pareja para ver juntos una película o para salir a cenar un fin de semana.

Quizás con 25 años lo hubiera enfocado de otro modo y me habría costado menos adaptarme, pero con más de 40 y una visión clara de lo que quiero en mi vida y lo que no, la situación fue poco a poco empeorando y me fui deprimiendo. Lamentablemente, la ausencia de mejores oportunidades laborales me hizo aguantar al pie del cañón durante muchos meses, incluso años, sin poder tomar una decisión a favor de mi salud física y mental. 

Pero como ocurre en todas las relaciones, y una laboral no es una excepción, de tanto tensar la cuerda al final se rompió. Ese manido "no eres tú, soy yo" lo define a la perfección. Era yo, que necesitaba urgentemente volver a ubicar mi parcelita de felicidad en el espacio-tiempo, retomar las pequeñas cosas que disfrutaba en mi sencilla y ordenada vida, mis rutinas, mis descansos. Necesitaba que la balanza entre mi bienestar laboral y el personal no estuviera tan exageradamente desequilibrada. Necesitaba con la misma urgencia reducir mis dosis de ibuprofeno, decir adiós a los dolores crónicos en las manos y los pies, abandonar el insomnio y la sensación de angustia y ansiedad constantes.

Y al principio me pareció que nunca sabría si había tomado la decisión correcta hasta que lo viera en retrospectiva mucho tiempo después. Sin embargo, al día siguiente de renunciar me sentí inexplicablemente más ligera y noté que la pesadez en la espalda había desaparecido y que, de repente, me empezaba a ilusionar de nuevo, que me apetecía bailar por toda la casa una canción estúpida en bucle y sonreír al pasar por delante de un espejo, sin motivo alguno. Y entonces supe que había cerrado una puerta y que después se abrirían miles de ventanas para que pudiera entrar el aire.

Esta canción del nuevo disco de Eels, "The deconstruction", es absolutamente fantástica para expresar todo lo que sentí en ese difícil proceso, entre mi deconstrucción y mi futuro renacimiento conceptual.


The deconstruction has begun 
Time for me to fall apart 
And if you think that it was rough,
I tell you nothing changes 
'Till you start to break it down 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

The reconstruction will begin 
Only when there's nothing left 
But little pieces on the floor 
That made of what I was 
Before I had to break it down 

And break apart 
I'll break apart
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

And every block you've built on 
It's going to come right out 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
I'll break apart 
I'll break apart

Podéis escuchar la canción en Spotify a través del enlace en la barra lateral.

martes, 20 de febrero de 2018

El día de los mininos

River meditando
Pues sí, un año más queremos celebrar por aquí el Día Internacional del Gato. Cuando River se entere de la foto con la que he ilustrado este post empezará a planear cómo matarme, lo sé, pero no he podido resistirme. Está taaaaaaan adorable!! :) 

Si queréis indagar un poco más en la historia de cómo surgió este día visitad la entrada que dediqué hace ya unos años a esta especial conmemoración. Y si tenéis gatitos, celebradlo con ellos con unos mimos, unas golosinas y unos mordisquitos cariñosos por su parte.

viernes, 9 de febrero de 2018

Berlín (y VII): Curiosidades

Fernsehturm
Aquí llega la última entrada de nuestro viaje a Berlín de 2016, con todas esas curiosidades que no han tenido cabida en mis otros posts y esas fotos que quiero compartir con vosotros pero no encajaban en los anteriores relatos. 

Como comenté en la entrada anterior sobre comer y beber en Berlín, en Alemania hay una particularidad sobre las tarjetas de crédito/débito españolas que es más que conveniente conocer. En ese país no existe el concepto de tarjeta de débito, sino que hay una forma de pago que se conoce como "electronic cash" con la que se evitan las altas comisiones de las tarjetas de crédito estándar. Esto significa que muchos locales rechazarán las tarjetas de crédito españolas e incluso las de débito por su formato, principalmente al ver la compañía emisora (Visa o MasterCard están allí vinculadas solamente al crédito) pero también por las letras en relieve. En algunos restaurantes mi tarjeta era rechazada directamente por el TPV por tener ese relieve. Teniendo esto en cuenta, siempre es aconsejable tener a mano algo de efectivo o un segundo método de pago por si se niegan a aceptar nuestra tarjeta, aunque insistamos en que no es de crédito sino de débito. 

Estación de tren de Alexanderplatz

Igual que en otras grandes capitales, la mejor manera de moverse por la ciudad es en metro/tren y a pie. La ciudad es llana y el centro tiene restricciones de tráfico, así que se camina muy bien. Las tarifas de tren se dividen por zonas (ABC) según la lejanía o cercanía del centro y las opciones de billete incluyen trayectos sencillos o diarios para varios viajes. Es interesante comentar que los billetes se validan en unas máquinas que hay en los andenes antes de subir, no dentro del vehículo.

Zona de negocios cerca del Parlamento
Berlín también cuenta con una WelcomeCard como la que utilizamos en Londres, pero en esta ocasión no la adquirimos porque, estudiando nuestros movimientos y visitas, pensamos que no nos iba a compensar. Según los objetivos de cada viajero, sí puede interesar comprarse una para 48 ó 72 horas, con la que también habrá descuentos en los transportes públicos de la ciudad. 

La otra opción de transporte, estándar en muchas grandes ciudades de Europa, es la bicicleta. La red de carril bici es extensa sobre todo en el centro y hay decenas de empresas para alquilarlas. Yo nunca me atrevo a elegir este medio de transporte porque tiendo a ser torpe y despistada, así que por muy cómodo y económico que resulte, personalmente me echa bastante para atrás. 

Playmobil de Lutero!
Ositos de goma Kosher de Haribo en el Museo Judío de Berlín
Aunque no somos de comprar mucho en los viajes, sobre todo debido a las limitaciones de equipaje en los aviones, nunca nos puede faltar el imán de nevera local, que en esta ocasión fue de Nefertiti (y costó la friolera de 4,50 euros), y el Playmobil, que esta vez era una edición especial de Lutero con su Reforma en la mano y todo. Nos quedamos con las ganas de comprar una camiseta (sobre todo Exseminarista Ye-ye) sobre la peculiaridad de las permanentes obras de Berlín. La ciudad tiene un skyline repleto de grúas y en casi todos los edificios y calles hay andamios o vallas por reformas. Los propios alemanes se han hecho eco de esta situación produciendo souvenirs riéndose de sí mismos acerca de este extremo. 

Camiseta en honor al skyline de grúas en Berlín
Puente sobre el Spree con grúas al fondo que certifican lo anterior
Zona anexa a Rosenthaler St.
A Berlín hay que viajar con la mente muy abierta. Es una ciudad muy joven, ya que los berlineses que se jubilan tienden a mudarse a las afueras, a pueblos o zonas más tranquilas. Los edificios de la antigua parte comunista de Berlín, sobre todo en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg, se han reconvertido en viviendas que se alquilan a un precio razonable y que permite a muchos trabajadores vivir solos y relativamente cerca del centro. La actividad cultural y creativa no tiene fin en esta zona, con mucho arte urbano como el de Urban Spree y, también es cierto, un movimiento okupa bastante activo que a mí me intimidaría un poco para vivir allí. 

Carteles unos sobre otros, sistema típico de publi en Berlín
Farola forrada de ganchillo... y más carteles :P
Es cierto que este distrito está repleto de buenos restaurantes, bares, tiendas de segunda mano y locales de ocio en general, por lo que tampoco se considera un barrio especialmente inseguro. Las recomendaciones de la policía local alemana son las típicas que se realizan en las grandes ciudades a todos los turistas: cuidado con las carteras y los bolsos en los puntos de más afluencia de gente y ojo con comprar bicicletas muy baratas de segunda mano en la calle, ya que muchas de ellas pueden proceder de robos.

Urban Spree, nueva zona de arte urbano y ocio juvenil
Cine al aire libre en Cassiopeia, Urban Spree
Por lo demás, si quieres participar en actividades de todo tipo, esta es tu ciudad. Hay cines al aire libre, bares con música en vivo, muchos mercadillos y mucha gente joven con ganas de hacer cosas. Berlín tiene un toque multicultural muy personal y unos contrastes realmente interesantes. En la parte negativa, diría que me pareció una ciudad un poco sucia (hay parques en los que hay millones de chapas de cerveza incrustadas en la tierra) y demasiado marcada por aquello de pintar en los muros, ya que hay muy pocas paredes libres de graffittis, unos más artísticos que otros, ciertamente.

Bicis, limusinas, buses turísticos, más obras... contrastes en Berlín Mitte
Stolspersteine, placas en el suelo en recuerdo de los judíos asesinados
Pero de igual modo, y retomando lo de los contrastes, suelen ser respetuosos con el arte y, sobre todo, con el legado de ser una ciudad tocada por la guerra y el sufrimiento durante gran parte de su historia. Se toman muy en serio la memoria histórica (no como en nuestro país, por desgracia) y tienen muy claro el objetivo de mantener los edificios clásicos de la época nazi, la mayoría reciclados para uso público y educativo.

Cosas que ves en los escaparates de Berlín
Y aquí finaliza esta serie de entradas sobre el viaje a Berlín de 2016. Pero no os penséis que los viajes con retraso tocan a su fin. Temblad, jijiji! Próximo destino: Dublín 2017!! Y lo digo sin sonrojarme, aquí desde febrero de 2018, ahí es nada. Estad atentos a la máquina del tiempo, queridos lillusianos y gracias por llegar hasta aquí :)

Bye Bye Alemania
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

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