sábado, 14 de abril de 2018

Dublín (I)

Teide al fondo, dejando Tenerife
No creeríais, queridos lillusianos de pro y visitantes accidentales, lectores todos, que ya os habíais librado de las reseñas de viajes pasados, incluso añejos me atrevería a decir. Pues no, aquí vuelvo por mis fueros para compartir con vosotros el viaje a Dublín, capital de la gemela gallega Irlanda, que realizamos en mayo de 2017. Puede que algunos hayáis visto ya alguna foto de ese viaje en mi Instagram por aquel entonces, pero igualmente ilustraré estas revisiones con ésas y otras imágenes. 

Nuestro viaje comienza a principios de mayo en Tenerife, con un transbordo en Madrid hacia tierras irlandesas. Habíamos barajado la posibilidad de un vuelo directo, porque casi siempre resulta mucho más cómodo y ganamos mucho tiempo teniendo en cuenta que nos desplazamos desde las islas, pero no encontramos ninguna opción que nos dejara en Dublín a una hora decente. Como nos alojábamos en casa de unos amigos no queríamos trastocar su rutina habitual con nuestra llegada a deshora, así que finalmente elegimos una combinación con Iberia bastante ajustada a nuestras necesidades, con un tiempo de espera entre vuelos de apenas una hora.

Primeras tierras irlandesas desde el avión
A las cinco y media de la tarde aterrizamos en el aeropuerto de Dublín, situado a unos 15 km. del centro de la ciudad. Elegimos trasladarnos hasta nuestro destino en autobús, utilizando una de las dos líneas especiales que realizan esos trayectos desde el aeropuerto hasta distintas zonas de la capital irlandesa y pueblos aledaños. Nosotros nos decantamos por el Aircoach básicamente porque fue la primera parada que encontramos al salir de la terminal. El precio del trayecto nos costó 8,50 € por persona, aunque varía según la zona de la ciudad a la que te dirijas. El autobús es bastante cómodo, con espacio para las maletas y WiFi gratis.

Aeropuerto de Dublín con carteles en gaélico
La primera sensación al llegar al aeropuerto es que has entrado en un país mágico donde se habla en lengua élfica. Vale, no, es gaélico, lengua co-oficial de Irlanda que figura al lado del inglés en casi todos los carteles de lugares públicos del país, en un intento firme por mantenerlo vivo. Os advierto que no se entiende nada de ese idioma salvo que tengas algún conocimiento previo, aunque ciertamente tampoco lo hablan muchos irlandeses en la actualidad. Prácticamente toda la población se expresa en inglés, pero cuidado si piensas que tu nivel Avanzado 1 de la Escuela de Idiomas te servirá para comprender lo que te digan: ¡error! El acento irlandés se las trae y a mí me costó un riñón entender gran parte de lo que me decían en restaurantes o establecimientos. Al final acabas asintiendo y señalando con vehemencia lo que quieres, que es el idioma universal, y casi nunca da problemas. Si conseguimos hacerlo en Berlín sin saber ni papa de alemán cómo no íbamos a poder hacerlo igual o mejor en Dublín!

Desde el autobús, igualito que Galicia!
Como llegamos ya tarde a Dublín apenas tuvimos tiempo para dejar nuestras cosas y salir a dar una vuelta por el barrio donde nos alojábamos, Ranelagh, una zona residencial con supermercados, restaurantes y servicios varios, a unos 20 minutos caminando del centro de la ciudad. Nuestros anfitriones nos llevaron a cenar a un local muy de moda, TriBeCa, con una amplia carta de tortillas, hamburguesas gourmet, ensaladas y carnes. 

Tras un pequeño paseo por el barrio, nos dispusimos a descansar para acometer al día siguiente nuestro primer día de visitas en Dublín, con una agenda repleta de (sí, sé que lo estáis esperando)... museos! :P
 
Barrio de Ranelagh, donde nos alojamos

*** Haz click en las fotos para ampliar.
*** (Continuará...)

viernes, 16 de marzo de 2018

Cerrando etapas

Hace unas cuantas semanas decidí cerrar una etapa laboral y abrir el espacio necesario para que entrara aire en mi vida. El trabajo me absorbía física y emocionalmente día tras día, sin dejarme tiempo ni ánimo para dedicar atención a las cosas que antes me hacían feliz y de las que este blog es fiel reflejo. Dejé casi de leer, porque me acostaba tarde y mi momento de lectura nocturna no tenía horario fijo. Dejé de correr porque los horarios por turnos hacían imposible marcarme una rutina deportiva. Dejé de ganchillar porque, como muchos sabéis, tenía un pinzamiento en un nervio de la mano derecha por forzarla en el trabajo. Apenas coincidía con mi pareja para ver juntos una película o para salir a cenar un fin de semana.

Quizás con 25 años lo hubiera enfocado de otro modo y me habría costado menos adaptarme, pero con más de 40 y una visión clara de lo que quiero en mi vida y lo que no, la situación fue poco a poco empeorando y me fui deprimiendo. Lamentablemente, la ausencia de mejores oportunidades laborales me hizo aguantar al pie del cañón durante muchos meses, incluso años, sin poder tomar una decisión a favor de mi salud física y mental. 

Pero como ocurre en todas las relaciones, y una laboral no es una excepción, de tanto tensar la cuerda al final se rompió. Ese manido "no eres tú, soy yo" lo define a la perfección. Era yo, que necesitaba urgentemente volver a ubicar mi parcelita de felicidad en el espacio-tiempo, retomar las pequeñas cosas que disfrutaba en mi sencilla y ordenada vida, mis rutinas, mis descansos. Necesitaba que la balanza entre mi bienestar laboral y el personal no estuviera tan exageradamente desequilibrada. Necesitaba con la misma urgencia reducir mis dosis de ibuprofeno, decir adiós a los dolores crónicos en las manos y los pies, abandonar el insomnio y la sensación de angustia y ansiedad constantes.

Y al principio me pareció que nunca sabría si había tomado la decisión correcta hasta que lo viera en retrospectiva mucho tiempo después. Sin embargo, al día siguiente de renunciar me sentí inexplicablemente más ligera y noté que la pesadez en la espalda había desaparecido y que, de repente, me empezaba a ilusionar de nuevo, que me apetecía bailar por toda la casa una canción estúpida en bucle y sonreír al pasar por delante de un espejo, sin motivo alguno. Y entonces supe que había cerrado una puerta y que después se abrirían miles de ventanas para que pudiera entrar el aire.

Esta canción del nuevo disco de Eels, "The deconstruction", es absolutamente fantástica para expresar todo lo que sentí en ese difícil proceso, entre mi deconstrucción y mi futuro renacimiento conceptual.


The deconstruction has begun 
Time for me to fall apart 
And if you think that it was rough,
I tell you nothing changes 
'Till you start to break it down 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

The reconstruction will begin 
Only when there's nothing left 
But little pieces on the floor 
That made of what I was 
Before I had to break it down 

And break apart 
I'll break apart
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

And every block you've built on 
It's going to come right out 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
I'll break apart 
I'll break apart

Podéis escuchar la canción en Spotify a través del enlace en la barra lateral.

martes, 20 de febrero de 2018

El día de los mininos

River meditando
Pues sí, un año más queremos celebrar por aquí el Día Internacional del Gato. Cuando River se entere de la foto con la que he ilustrado este post empezará a planear cómo matarme, lo sé, pero no he podido resistirme. Está taaaaaaan adorable!! :) 

Si queréis indagar un poco más en la historia de cómo surgió este día visitad la entrada que dediqué hace ya unos años a esta especial conmemoración. Y si tenéis gatitos, celebradlo con ellos con unos mimos, unas golosinas y unos mordisquitos cariñosos por su parte.

viernes, 9 de febrero de 2018

Berlín (y VII): Curiosidades

Fernsehturm
Aquí llega la última entrada de nuestro viaje a Berlín de 2016, con todas esas curiosidades que no han tenido cabida en mis otros posts y esas fotos que quiero compartir con vosotros pero no encajaban en los anteriores relatos. 

Como comenté en la entrada anterior sobre comer y beber en Berlín, en Alemania hay una particularidad sobre las tarjetas de crédito/débito españolas que es más que conveniente conocer. En ese país no existe el concepto de tarjeta de débito, sino que hay una forma de pago que se conoce como "electronic cash" con la que se evitan las altas comisiones de las tarjetas de crédito estándar. Esto significa que muchos locales rechazarán las tarjetas de crédito españolas e incluso las de débito por su formato, principalmente al ver la compañía emisora (Visa o MasterCard están allí vinculadas solamente al crédito) pero también por las letras en relieve. En algunos restaurantes mi tarjeta era rechazada directamente por el TPV por tener ese relieve. Teniendo esto en cuenta, siempre es aconsejable tener a mano algo de efectivo o un segundo método de pago por si se niegan a aceptar nuestra tarjeta, aunque insistamos en que no es de crédito sino de débito. 

Estación de tren de Alexanderplatz

Igual que en otras grandes capitales, la mejor manera de moverse por la ciudad es en metro/tren y a pie. La ciudad es llana y el centro tiene restricciones de tráfico, así que se camina muy bien. Las tarifas de tren se dividen por zonas (ABC) según la lejanía o cercanía del centro y las opciones de billete incluyen trayectos sencillos o diarios para varios viajes. Es interesante comentar que los billetes se validan en unas máquinas que hay en los andenes antes de subir, no dentro del vehículo.

Zona de negocios cerca del Parlamento
Berlín también cuenta con una WelcomeCard como la que utilizamos en Londres, pero en esta ocasión no la adquirimos porque, estudiando nuestros movimientos y visitas, pensamos que no nos iba a compensar. Según los objetivos de cada viajero, sí puede interesar comprarse una para 48 ó 72 horas, con la que también habrá descuentos en los transportes públicos de la ciudad. 

La otra opción de transporte, estándar en muchas grandes ciudades de Europa, es la bicicleta. La red de carril bici es extensa sobre todo en el centro y hay decenas de empresas para alquilarlas. Yo nunca me atrevo a elegir este medio de transporte porque tiendo a ser torpe y despistada, así que por muy cómodo y económico que resulte, personalmente me echa bastante para atrás. 

Playmobil de Lutero!
Ositos de goma Kosher de Haribo en el Museo Judío de Berlín
Aunque no somos de comprar mucho en los viajes, sobre todo debido a las limitaciones de equipaje en los aviones, nunca nos puede faltar el imán de nevera local, que en esta ocasión fue de Nefertiti (y costó la friolera de 4,50 euros), y el Playmobil, que esta vez era una edición especial de Lutero con su Reforma en la mano y todo. Nos quedamos con las ganas de comprar una camiseta (sobre todo Exseminarista Ye-ye) sobre la peculiaridad de las permanentes obras de Berlín. La ciudad tiene un skyline repleto de grúas y en casi todos los edificios y calles hay andamios o vallas por reformas. Los propios alemanes se han hecho eco de esta situación produciendo souvenirs riéndose de sí mismos acerca de este extremo. 

Camiseta en honor al skyline de grúas en Berlín
Puente sobre el Spree con grúas al fondo que certifican lo anterior
Zona anexa a Rosenthaler St.
A Berlín hay que viajar con la mente muy abierta. Es una ciudad muy joven, ya que los berlineses que se jubilan tienden a mudarse a las afueras, a pueblos o zonas más tranquilas. Los edificios de la antigua parte comunista de Berlín, sobre todo en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg, se han reconvertido en viviendas que se alquilan a un precio razonable y que permite a muchos trabajadores vivir solos y relativamente cerca del centro. La actividad cultural y creativa no tiene fin en esta zona, con mucho arte urbano como el de Urban Spree y, también es cierto, un movimiento okupa bastante activo que a mí me intimidaría un poco para vivir allí. 

Carteles unos sobre otros, sistema típico de publi en Berlín
Farola forrada de ganchillo... y más carteles :P
Es cierto que este distrito está repleto de buenos restaurantes, bares, tiendas de segunda mano y locales de ocio en general, por lo que tampoco se considera un barrio especialmente inseguro. Las recomendaciones de la policía local alemana son las típicas que se realizan en las grandes ciudades a todos los turistas: cuidado con las carteras y los bolsos en los puntos de más afluencia de gente y ojo con comprar bicicletas muy baratas de segunda mano en la calle, ya que muchas de ellas pueden proceder de robos.

Urban Spree, nueva zona de arte urbano y ocio juvenil
Cine al aire libre en Cassiopeia, Urban Spree
Por lo demás, si quieres participar en actividades de todo tipo, esta es tu ciudad. Hay cines al aire libre, bares con música en vivo, muchos mercadillos y mucha gente joven con ganas de hacer cosas. Berlín tiene un toque multicultural muy personal y unos contrastes realmente interesantes. En la parte negativa, diría que me pareció una ciudad un poco sucia (hay parques en los que hay millones de chapas de cerveza incrustadas en la tierra) y demasiado marcada por aquello de pintar en los muros, ya que hay muy pocas paredes libres de graffittis, unos más artísticos que otros, ciertamente.

Bicis, limusinas, buses turísticos, más obras... contrastes en Berlín Mitte
Stolspersteine, placas en el suelo en recuerdo de los judíos asesinados
Pero de igual modo, y retomando lo de los contrastes, suelen ser respetuosos con el arte y, sobre todo, con el legado de ser una ciudad tocada por la guerra y el sufrimiento durante gran parte de su historia. Se toman muy en serio la memoria histórica (no como en nuestro país, por desgracia) y tienen muy claro el objetivo de mantener los edificios clásicos de la época nazi, la mayoría reciclados para uso público y educativo.

Cosas que ves en los escaparates de Berlín
Y aquí finaliza esta serie de entradas sobre el viaje a Berlín de 2016. Pero no os penséis que los viajes con retraso tocan a su fin. Temblad, jijiji! Próximo destino: Dublín 2017!! Y lo digo sin sonrojarme, aquí desde febrero de 2018, ahí es nada. Estad atentos a la máquina del tiempo, queridos lillusianos y gracias por llegar hasta aquí :)

Bye Bye Alemania
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

miércoles, 31 de enero de 2018

Berlín (VI): Essen & Bier

Cervezas varias en Berlín
O para simplificar, comer y beber cerveza en Berlín, que es lógicamente la bebida reina del país. De hecho, la cerveza resulta casi un símbolo cultural en la ciudad y es muy habitual ver a todos los jóvenes berlineses sentados por las tardes en los parques compartiendo charlas y botellines de cerveza. 

Bien, he de decir que comimos mucho y bien en Berlín, en gran parte gracias a las inmejorables sugerencias de nuestro anfitrión español residente allá. Él nos acompañó en casi todas las cenas, en restaurantes de la zona de Friedrichshain, un barrio joven muy de moda en Berlín, y nos indicó algunos otros lugares en los que podíamos degustar platos locales o de cocinas muy arraigadas en Alemania como la turca, libanesa o austríaca. 

Al pie de la mayoría de las fotos de esta entrada podréis ver dónde comimos el plato que las ilustra. 

Auflauf en Intimes
Nuestro primer contacto con la comida alemana fue con un plato típico que se llama auflauf, una especie de gratinado de verduras, que puede variar en su contenido según la receta. El que yo probé llevaba patata, calabacín y nueces, todo con una crema ligera y ligeramente gratinado en una cazuela, realmente muy rico.

Salchichas en Augustiner
Como no podía ser de otra manera, en otro almuerzo también probamos el típico currywurst, que no deja de ser una salchicha cocida con ketchup y curry espolvoreado por encima, normalmente acompañada de patatas fritas. Digamos que me gustó más otro plato de salchichas en salsa con puré de patatas, aunque hay tantas variedades de este producto y forma de cocinarlo que puedes comer salchichas todos los días variando simplemente el tipo, el sabor y la procedencia. 

Combinado berlinés en Aufsturz
Tienden a acompañar los platos con otra receta típica alemana, la ensalada de patata o kartoffelsalat, que normalmente tiene un toque agridulce por el aderezo de mayonesa, mostaza y vinagre. El chucrut y los encurtidos también son muy comunes en sus guarniciones. Esquivé además todos los pepinos y pepinillos que pude y no siempre lo conseguí; son productos que no me motivan especialmente y ellos los usan muchísimo.

Codillo al estilo de Munich y otros platos en Hofbräu
También pudimos probar el famoso codillo alemán, aunque en este caso lo comimos al estilo de Munich en un famoso restaurante bávaro. Allí el codillo de cerdo lo preparan al horno, con el exterior bien tostado y servido con patatas asadas y chucrut. Sin embargo, el codillo típico de Berlín sigue una receta totalmente diferente y se sirve solamente cocido. En este mismo restaurante probé también otro tipo de apfelstrudel diferente al que había degustado en mi primer día en Berlín, en esta ocasión más enrollado y servido con salsa de vainilla. 

Schnitzel y käsespätzle en Schneeweiss
Uno de los restaurantes que visitamos y que nos encantó tenía especialidades de la cercana Austria. Allí degustamos un gigantesco wiener schnitzel que, como bien indica su nombre, es un plato de origen vienés pero ampliamente adoptado por la cocina germana. Se trata de un tradicional escalope de ternera o filete empanado, de proporciones generosas y normalmente acompañado de patatas o algún tipo de ensalada. También probamos el käsespätzle, una variedad de pasta fresca típica de Austria y del sur de Alemania que se mezcla con mantequilla, queso y a veces cebolla, realmente delicioso y también muy calórico. En ese mismo restaurante tomamos como postre otra estrella de la cocina austríaca, el kaiserschmarrn, que consiste en trozos de crêpe acompañados con fruta, normalmente ciruelas o manzana, y espolvoreado con azúcar glass. Después de esta cena me entraron unas ganas locas de visitar Austria, por supuesto.

Kaiserschmarrn en Schneeweiss
Como en casi todos los países de Europa, los desayunos suelen ser bastante contundentes, sobre todo en los días no laborables. Los alemanes toman bastante café y los latte generalmente tienen el tamaño de tres cafés con leche españoles tradicionales. Suelen acompañarlos con frutas, fiambres, quesos y panecillos de varios tipos con mantequilla y mermelada. 

Desayuno en KuchenRausch
Hay que decir que los alemanes no conocen la leche desnatada ni los productos bajos en grasa ni nada similar. Todo o casi todo lleva mantequilla, nata y queso, y utilizan carnes grasas, fiambres y salchichas para gran parte de sus preparaciones, así que padecer del corazón en ese país tiene que ser una tortura a la hora de llevar una dieta saludable. Sorprendentemente, he leído que no destacan por ser una de las naciones con más problemas coronarios y suelen desarrollarlos ya en la tercera edad, seguramente porque lo compensan con una buena genética o más actividad física.

Otra de nuestras cenas de grupo la celebramos en un restaurante asiático muy de moda en Berlín, donde se sirven una especie de tapas para compartir, con precios de 3-4 euros por ración. El objetivo era probar un poco de todo y la comida resultó bastante rica, con algunas opciones realmente curiosas, sobre todo por los nombres de los platos.

Tapas asiáticas en Transit
Sobre los precios hay que destacar que Berlín es una ciudad relativamente barata en comparación con otras capitales europeas. A los berlineses les gusta salir a comer y beber y hay una gran variedad de locales y muchísimas opciones gastronómicas diferentes. Cada plato en un restaurante de categoría media puede oscilar entre 10-15 euros y alrededor de 8-10 euros en uno inferior o de comida rápida. Los barreños de café latte, como yo los llamaba, son a partir de 3 euros y los expresso o café solo unos 2 euros. Las cervezas cuestan en casi todas partes de 4 euros para arriba dependiendo de la especialidad que sea, aunque la mayoría tienen un tamaño de medio litro. Las cartas de postres son pequeñas pero con platos muy elaborados, por lo que un buen postre tampoco baja de 5 euros.

Combinado libanés en Dada Falafel
En todas las facturas se grava un 19% de impuestos y en el total no está incluida la propina, que en la mayoría de los países europeos se considera casi obligatoria si no está incluida en el importe del ticket (de hecho, se especifica en los propios tickets). En Alemania esta propina puede ser de un 5-10% del total y lo que se debe hacer (o así nos lo explicaron) es decirle al camarero la cantidad que quieres que te cobre cuando regrese a por la cuenta, tanto si el pago es en efectivo como con tarjeta. Precisamente sobre los pagos con tarjeta comentaré un detalle curioso en mi próximo y último post sobre Berlín. No os lo perdáis!

Bicicleta y flores en Pariser Platz
*** (Haz click en las fotos para ampliar)

*** ( Continuará...)

sábado, 13 de enero de 2018

Berlín (V)

Museo Judío de Berlín
En nuestro último día completo en Berlín habíamos programado la visita al Museo Judío de Berlín. Aprovechando que nuestro Museumpass todavía estaba activo no tuvimos que pagar la entrada, que cuesta 8 euros. El Jewish Museum Berlin es en su conjunto una experiencia arquitectónica y visual del sufrimiento del colectivo judío durante la época nazi. El edificio está construido de modo que escaleras, paredes, ventanas y otros elementos ayuden a los visitantes a situarse en el lugar de todos los judíos berlineses que vivieron aquellos horrores, el desprecio, la soledad, la marginación y el asesinato por el simple hecho de pertenecer a su etnia.

Ventana interior Jüdisches Museum
El edificio, cuya construcción se desarrolló a principios de los años noventa, está diseñado por el arquitecto polaco Daniel Libeskind y con él intentó plasmar la importancia del holocausto en la historia de Berlín. La gran cantidad de espacios vacíos, intrincados huecos, ventanas de tamaños y formas dispares, muchas de ellas sin vistas, el uso de colores grises y materiales metálicos, todo ello contribuye a crear una sensación de desasosiego y soledad con el objetivo de acercar al visitante a aquellos años de irreparable dolor.

Escaleras a ninguna parte, Jüdisches Museum
El museo cuenta con varias exposiciones permanentes que pretenden tener un gran impacto sensorial sobre el público. La Torre del Holocausto es una gran torre cerrada de hormigón a la que se accede desde el sótano, con la única luz de una pequeña abertura en uno de los vértices superiores y por la que también entran los únicos sonidos del exterior. En el Jardín del Exilio se puede pasear por un bosque de pilares de hormigón coronados de vegetación, visualmente llamativo pero imposible de caminar propiamente debido a la inclinación del suelo entre unos bloques y otros.

Jardín del Exilio, Jüdisches Museum Berlin
Hay otra instalación que llama mucho la atención, denominada Shalekhet, donde el visitante puede caminar sobre las 10.000 hojas de acero con forma de rostro diseminadas por el suelo. El conjunto de esta obra ha sido bautizada también como "Vacío de la memoria". Pisar estas caras de acero produce unos inquietantes ecos en la habitación y, en general, una indescriptible sensación de desasosiego. Creo que cualquier persona que visite este museo no puede quedar indiferente ante estas experiencias.

Instalación Shalekhet
Instalación Shalekhet
Tras esta intensa visita cogimos aire para dirigirnos hacia Nikolaikirche, la Iglesia de San Nicolás, una de las iglesias más antiguas de Berlín. Está situada en una pequeña zona peatonal reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial al estilo centroeuropeo, muy cerca de los márgenes del río Spree. La entrada cuesta 5 euros pero la Museumpass también proporciona acceso gratuito.

Nikolaikirche
El exterior de la iglesia es muy característico, con una cúpula de dos torres en pico, totalmente reformada en los años ochenta del siglo pasado. Aunque en el siglo XIX acogía las reuniones del consejo de la ciudad, presididas por el alcalde, actualmente San Nicolás constituye un museo, con muchas piezas religiosas originales y un órgano que ameniza varios eventos musicales anuales. La iglesia también acoge las tumbas de familias enteras de berlineses ilustres.

Interior Nikolaikirche
Muy cerca de allí se encuentra la Knoblauchhaus, una casa-museo de visita gratuita donde se recrea la vivienda de una familia berlinesa de comerciantes de clase media durante el S.XVIII. Aunque la mayoría de las piezas son réplicas de objetos de aquella época, sí se conservan fotos originales y algún documento de la familia que ocupó realmente el edificio. No es nada del otro mundo pero es una visita curiosa que apenas toma unos minutos.

Knoblauchhaus Museum
Con un tranquilo (y cansado) paseo de vuelta a casa y una cena con nuestros amigos desplazados en la capital alemana poníamos fin a nuestro viaje a Berlín, una visita muy fructífera culturalmente hablando y muy enriquecedora en general. En un último post comentaré, como es habitual, los detalles de la gastronomía berlinesa y otras curiosidades que quizás puedan servir a los futuros viajeros.

Stadthaus Berlín
*** (Haz click en las fotos para ampliar)

*** (Continuará...)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Berlín (IV) Segunda Parte

Universidad Humboldt de Berlín
Tras un almuerzo típico y pasado por agua (publicaré una entrada especial, como siempre, sobre las peculiaridades gastronómicas de nuestro destino) atravesamos parte de la amplia avenida Unter den Linden, con la estatua de Federico II de Prusia en el centro flanqueada por los edificios de la Universidad Humboldt de Berlín, el Museo Histórico Alemán y otros organismos oficiales.

Federico II de Prusia en Unter den Linden
Desde allí desembocamos en Gendarmenmarkt, plaza en la que se encuentran las denominadas Catedral Alemana y Catedral Francesa, dos iglesias arquitectónicamente muy similares que se diseñaron siguiendo el modelo de la Piazza do Popolo en Roma. Con una iglesia al norte y otra al sur, en el centro se construyó un teatro nacional (Koncerthaus) y un monumento en homenaje al dramaturgo Schiller, para configurar la que está considerada como la plaza más bonita de Berlín.

Deutscher Dom - Catedral Alemana
En la Deutscher Dom había una exposición sobre la evolución de la democracia parlamentaria en Alemania, bajo el título de "Caminos-Desvíos-Extravíos". En los diferentes niveles de la iglesia había paneles informativos donde se podía leer abundante información sobre el parlamentarismo en la Alemania Imperial, el papel de la mujer en la política y la estructura parlamentaria alemana. También había una recreación de una sala de plenos a imagen y semejanza de la del Bundestag y un extenso programa de actividades relacionadas con el tema. 

La exposición estaba muy orientada hacia los jóvenes, para que conozcan su historia política reciente y el funcionamiento de su país, de ahí que gran parte de los paneles estuvieran sólo en alemán. Por ese mismo motivo nosotros no nos paramos demasiado en esta muestra, aunque nos pareció una idea fantástica aprovechar edificios emblemáticos para estas iniciativas de carácter didáctico. 

En la Französischer Dom había la opción de subir a la cúpula para contemplar la plaza y una parte de los alrededores por 3 euros, pero habiendo contemplado el día anterior toda la capital desde lo alto de la Berliner Dom pensamos que no merecía la pena y nos conformamos con tomar fotografías de los preciosos exteriores.

Gendarmenmarkt
Saliendo por Friedrichstrasse hacia el sur, a muy poca distancia de donde estábamos, nos encontramos con Checkpoint Charlie, uno de los puestos fronterizos más famosos de la ciudad que separaba la zona de control estadounidense de la soviética. En este paso tuvieron lugar varias huidas hacia el Berlín Oeste, muchas de ellas con trágico final. Aunque el puesto fue desmantelado a principios de los noventa, en el año 2000 se reconstruyó la caseta de control y el cartel de advertencia que en los años de la guerra informaba a los soldados y ciudadanos de su situación de peligro si traspasaban ese punto.

El lugar se ha convertido en un reclamo puramente turístico y allí varios figurantes ataviados con uniformes militares de la época posan para las fotografías de los curiosos. Casi al lado está el Museo del Muro (denominado también Museo Checkpoint Charlie por su ubicación), en el que tampoco entramos ya que el ticket costaba 12,50 € y no estábamos seguros de que nos fuera a aportar mucho más de lo ya visto en otros centros de información gratuitos.

Checkpoint Charlie
A apenas una manzana de distancia se encuentra la Topografía del Terror, un centro de documentación ubicado donde estuvo la sede de la Gestapo durante los años treinta y cuarenta. En este moderno museo inaugurado en 2010 hay varias exposiciones sobre cómo funcionaban los servicios de seguridad del nacionalsocialismo y cómo actuaba la Gestapo ante los contrarios al régimen. Toda la información está en alemán e inglés y allí se pueden leer historias terribles que guarda la triste memoria de Alemania. 

Topographie des Terrors
En Topographie des Terrors se exhiben muchas fotografías y muchísimos paneles con datos, por lo que es recomendable visitarlo con tiempo si se pretende absorber todo lo que allí se expone. Hay también exposiciones exteriores, donde se pueden ver restos de las celdas donde la Policía Secreta alemana retenía a los prisioneros. Todo en el centro está tratado con muchísima rigurosidad histórica y mucho respeto hacia las víctimas, algo que se puede respirar en toda la ciudad. Saben lo que significó el régimen nazi para millones de personas y por ello son especialmente cuidadosos con el recuerdo de esa etapa negra para el país.

Topographie des Terrors
Ya bastante cansados volvimos de nuevo por Unter den Linden dando un paseo hacia Alexanderplatz. Por el camino pasamos otra vez por delante de algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad como el Ayuntamiento Rojo de Berlín (Rotes Rathaus) o la Berliner Dom. A pesar de ser una urbe grande, con más de 3 millones y medio de habitantes y miles de turistas cada año, Berlín es una ciudad en la que se camina muy bien y gran parte de lo visitable está en un radio de distancia relativamente pequeño.
 

Rotes Rathaus - Ayuntamiento de Berlín
En Alexanderplatz habíamos quedado con nuestro anfitrión para ir a cenar a un pintoresco restaurante de estilo bávaro. Decidimos encontrarnos con él, como gran parte de los locales, marcando como punto de reunión el Reloj Mundial (Weltzeituhr) situado en un lado de la plaza muy cerca de la estación de tren y metro. En este reloj se puede ver la hora en 24 zonas diferentes del mundo. A sus pies se reúnen diariamente muchos jóvenes y se producen muchos actos reivindicativos de carácter social.


Reloj Mundial en Alexanderplatz
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

*** (Continuará...)

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