martes, 20 de febrero de 2018

El día de los mininos

River meditando
Pues sí, un año más queremos celebrar por aquí el Día Internacional del Gato. Cuando River se entere de la foto con la que he ilustrado este post empezará a planear cómo matarme, lo sé, pero no he podido resistirme. Está taaaaaaan adorable!! :) 

Si queréis indagar un poco más en la historia de cómo surgió este día visitad la entrada que dediqué hace ya unos años a esta especial conmemoración. Y si tenéis gatitos, celebradlo con ellos con unos mimos, unas golosinas y unos mordisquitos cariñosos por su parte.

viernes, 9 de febrero de 2018

Berlín (y VII): Curiosidades

Fernsehturm
Aquí llega la última entrada de nuestro viaje a Berlín de 2016, con todas esas curiosidades que no han tenido cabida en mis otros posts y esas fotos que quiero compartir con vosotros pero no encajaban en los anteriores relatos. 

Como comenté en la entrada anterior sobre comer y beber en Berlín, en Alemania hay una particularidad sobre las tarjetas de crédito/débito españolas que es más que conveniente conocer. En ese país no existe el concepto de tarjeta de débito, sino que hay una forma de pago que se conoce como "electronic cash" con la que se evitan las altas comisiones de las tarjetas de crédito estándar. Esto significa que muchos locales rechazarán las tarjetas de crédito españolas e incluso las de débito por su formato, principalmente al ver la compañía emisora (Visa o MasterCard están allí vinculadas solamente al crédito) pero también por las letras en relieve. En algunos restaurantes mi tarjeta era rechazada directamente por el TPV por tener ese relieve. Teniendo esto en cuenta, siempre es aconsejable tener a mano algo de efectivo o un segundo método de pago por si se niegan a aceptar nuestra tarjeta, aunque insistamos en que no es de crédito sino de débito. 

Estación de tren de Alexanderplatz

Igual que en otras grandes capitales, la mejor manera de moverse por la ciudad es en metro/tren y a pie. La ciudad es llana y el centro tiene restricciones de tráfico, así que se camina muy bien. Las tarifas de tren se dividen por zonas (ABC) según la lejanía o cercanía del centro y las opciones de billete incluyen trayectos sencillos o diarios para varios viajes. Es interesante comentar que los billetes se validan en unas máquinas que hay en los andenes antes de subir, no dentro del vehículo.

Zona de negocios cerca del Parlamento
Berlín también cuenta con una WelcomeCard como la que utilizamos en Londres, pero en esta ocasión no la adquirimos porque, estudiando nuestros movimientos y visitas, pensamos que no nos iba a compensar. Según los objetivos de cada viajero, sí puede interesar comprarse una para 48 ó 72 horas, con la que también habrá descuentos en los transportes públicos de la ciudad. 

La otra opción de transporte, estándar en muchas grandes ciudades de Europa, es la bicicleta. La red de carril bici es extensa sobre todo en el centro y hay decenas de empresas para alquilarlas. Yo nunca me atrevo a elegir este medio de transporte porque tiendo a ser torpe y despistada, así que por muy cómodo y económico que resulte, personalmente me echa bastante para atrás. 

Playmobil de Lutero!
Ositos de goma Kosher de Haribo en el Museo Judío de Berlín
Aunque no somos de comprar mucho en los viajes, sobre todo debido a las limitaciones de equipaje en los aviones, nunca nos puede faltar el imán de nevera local, que en esta ocasión fue de Nefertiti (y costó la friolera de 4,50 euros), y el Playmobil, que esta vez era una edición especial de Lutero con su Reforma en la mano y todo. Nos quedamos con las ganas de comprar una camiseta (sobre todo Exseminarista Ye-ye) sobre la peculiaridad de las permanentes obras de Berlín. La ciudad tiene un skyline repleto de grúas y en casi todos los edificios y calles hay andamios o vallas por reformas. Los propios alemanes se han hecho eco de esta situación produciendo souvenirs riéndose de sí mismos acerca de este extremo. 

Camiseta en honor al skyline de grúas en Berlín
Puente sobre el Spree con grúas al fondo que certifican lo anterior
Zona anexa a Rosenthaler St.
A Berlín hay que viajar con la mente muy abierta. Es una ciudad muy joven, ya que los berlineses que se jubilan tienden a mudarse a las afueras, a pueblos o zonas más tranquilas. Los edificios de la antigua parte comunista de Berlín, sobre todo en el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg, se han reconvertido en viviendas que se alquilan a un precio razonable y que permite a muchos trabajadores vivir solos y relativamente cerca del centro. La actividad cultural y creativa no tiene fin en esta zona, con mucho arte urbano como el de Urban Spree y, también es cierto, un movimiento okupa bastante activo que a mí me intimidaría un poco para vivir allí. 

Carteles unos sobre otros, sistema típico de publi en Berlín
Farola forrada de ganchillo... y más carteles :P
Es cierto que este distrito está repleto de buenos restaurantes, bares, tiendas de segunda mano y locales de ocio en general, por lo que tampoco se considera un barrio especialmente inseguro. Las recomendaciones de la policía local alemana son las típicas que se realizan en las grandes ciudades a todos los turistas: cuidado con las carteras y los bolsos en los puntos de más afluencia de gente y ojo con comprar bicicletas muy baratas de segunda mano en la calle, ya que muchas de ellas pueden proceder de robos.

Urban Spree, nueva zona de arte urbano y ocio juvenil
Cine al aire libre en Cassiopeia, Urban Spree
Por lo demás, si quieres participar en actividades de todo tipo, esta es tu ciudad. Hay cines al aire libre, bares con música en vivo, muchos mercadillos y mucha gente joven con ganas de hacer cosas. Berlín tiene un toque multicultural muy personal y unos contrastes realmente interesantes. En la parte negativa, diría que me pareció una ciudad un poco sucia (hay parques en los que hay millones de chapas de cerveza incrustadas en la tierra) y demasiado marcada por aquello de pintar en los muros, ya que hay muy pocas paredes libres de graffittis, unos más artísticos que otros, ciertamente.

Bicis, limusinas, buses turísticos, más obras... contrastes en Berlín Mitte
Stolspersteine, placas en el suelo en recuerdo de los judíos asesinados
Pero de igual modo, y retomando lo de los contrastes, suelen ser respetuosos con el arte y, sobre todo, con el legado de ser una ciudad tocada por la guerra y el sufrimiento durante gran parte de su historia. Se toman muy en serio la memoria histórica (no como en nuestro país, por desgracia) y tienen muy claro el objetivo de mantener los edificios clásicos de la época nazi, la mayoría reciclados para uso público y educativo.

Cosas que ves en los escaparates de Berlín
Y aquí finaliza esta serie de entradas sobre el viaje a Berlín de 2016. Pero no os penséis que los viajes con retraso tocan a su fin. Temblad, jijiji! Próximo destino: Dublín 2017!! Y lo digo sin sonrojarme, aquí desde febrero de 2018, ahí es nada. Estad atentos a la máquina del tiempo, queridos lillusianos y gracias por llegar hasta aquí :)

Bye Bye Alemania
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

miércoles, 31 de enero de 2018

Berlín (VI): Essen & Bier

Cervezas varias en Berlín
O para simplificar, comer y beber cerveza en Berlín, que es lógicamente la bebida reina del país. De hecho, la cerveza resulta casi un símbolo cultural en la ciudad y es muy habitual ver a todos los jóvenes berlineses sentados por las tardes en los parques compartiendo charlas y botellines de cerveza. 

Bien, he de decir que comimos mucho y bien en Berlín, en gran parte gracias a las inmejorables sugerencias de nuestro anfitrión español residente allá. Él nos acompañó en casi todas las cenas, en restaurantes de la zona de Friedrichshain, un barrio joven muy de moda en Berlín, y nos indicó algunos otros lugares en los que podíamos degustar platos locales o de cocinas muy arraigadas en Alemania como la turca, libanesa o austríaca. 

Al pie de la mayoría de las fotos de esta entrada podréis ver dónde comimos el plato que las ilustra. 

Auflauf en Intimes
Nuestro primer contacto con la comida alemana fue con un plato típico que se llama auflauf, una especie de gratinado de verduras, que puede variar en su contenido según la receta. El que yo probé llevaba patata, calabacín y nueces, todo con una crema ligera y ligeramente gratinado en una cazuela, realmente muy rico.

Salchichas en Augustiner
Como no podía ser de otra manera, en otro almuerzo también probamos el típico currywurst, que no deja de ser una salchicha cocida con ketchup y curry espolvoreado por encima, normalmente acompañada de patatas fritas. Digamos que me gustó más otro plato de salchichas en salsa con puré de patatas, aunque hay tantas variedades de este producto y forma de cocinarlo que puedes comer salchichas todos los días variando simplemente el tipo, el sabor y la procedencia. 

Combinado berlinés en Aufsturz
Tienden a acompañar los platos con otra receta típica alemana, la ensalada de patata o kartoffelsalat, que normalmente tiene un toque agridulce por el aderezo de mayonesa, mostaza y vinagre. El chucrut y los encurtidos también son muy comunes en sus guarniciones. Esquivé además todos los pepinos y pepinillos que pude y no siempre lo conseguí; son productos que no me motivan especialmente y ellos los usan muchísimo.

Codillo al estilo de Munich y otros platos en Hofbräu
También pudimos probar el famoso codillo alemán, aunque en este caso lo comimos al estilo de Munich en un famoso restaurante bávaro. Allí el codillo de cerdo lo preparan al horno, con el exterior bien tostado y servido con patatas asadas y chucrut. Sin embargo, el codillo típico de Berlín sigue una receta totalmente diferente y se sirve solamente cocido. En este mismo restaurante probé también otro tipo de apfelstrudel diferente al que había degustado en mi primer día en Berlín, en esta ocasión más enrollado y servido con salsa de vainilla. 

Schnitzel y käsespätzle en Schneeweiss
Uno de los restaurantes que visitamos y que nos encantó tenía especialidades de la cercana Austria. Allí degustamos un gigantesco wiener schnitzel que, como bien indica su nombre, es un plato de origen vienés pero ampliamente adoptado por la cocina germana. Se trata de un tradicional escalope de ternera o filete empanado, de proporciones generosas y normalmente acompañado de patatas o algún tipo de ensalada. También probamos el käsespätzle, una variedad de pasta fresca típica de Austria y del sur de Alemania que se mezcla con mantequilla, queso y a veces cebolla, realmente delicioso y también muy calórico. En ese mismo restaurante tomamos como postre otra estrella de la cocina austríaca, el kaiserschmarrn, que consiste en trozos de crêpe acompañados con fruta, normalmente ciruelas o manzana, y espolvoreado con azúcar glass. Después de esta cena me entraron unas ganas locas de visitar Austria, por supuesto.

Kaiserschmarrn en Schneeweiss
Como en casi todos los países de Europa, los desayunos suelen ser bastante contundentes, sobre todo en los días no laborables. Los alemanes toman bastante café y los latte generalmente tienen el tamaño de tres cafés con leche españoles tradicionales. Suelen acompañarlos con frutas, fiambres, quesos y panecillos de varios tipos con mantequilla y mermelada. 

Desayuno en KuchenRausch
Hay que decir que los alemanes no conocen la leche desnatada ni los productos bajos en grasa ni nada similar. Todo o casi todo lleva mantequilla, nata y queso, y utilizan carnes grasas, fiambres y salchichas para gran parte de sus preparaciones, así que padecer del corazón en ese país tiene que ser una tortura a la hora de llevar una dieta saludable. Sorprendentemente, he leído que no destacan por ser una de las naciones con más problemas coronarios y suelen desarrollarlos ya en la tercera edad, seguramente porque lo compensan con una buena genética o más actividad física.

Otra de nuestras cenas de grupo la celebramos en un restaurante asiático muy de moda en Berlín, donde se sirven una especie de tapas para compartir, con precios de 3-4 euros por ración. El objetivo era probar un poco de todo y la comida resultó bastante rica, con algunas opciones realmente curiosas, sobre todo por los nombres de los platos.

Tapas asiáticas en Transit
Sobre los precios hay que destacar que Berlín es una ciudad relativamente barata en comparación con otras capitales europeas. A los berlineses les gusta salir a comer y beber y hay una gran variedad de locales y muchísimas opciones gastronómicas diferentes. Cada plato en un restaurante de categoría media puede oscilar entre 10-15 euros y alrededor de 8-10 euros en uno inferior o de comida rápida. Los barreños de café latte, como yo los llamaba, son a partir de 3 euros y los expresso o café solo unos 2 euros. Las cervezas cuestan en casi todas partes de 4 euros para arriba dependiendo de la especialidad que sea, aunque la mayoría tienen un tamaño de medio litro. Las cartas de postres son pequeñas pero con platos muy elaborados, por lo que un buen postre tampoco baja de 5 euros.

Combinado libanés en Dada Falafel
En todas las facturas se grava un 19% de impuestos y en el total no está incluida la propina, que en la mayoría de los países europeos se considera casi obligatoria si no está incluida en el importe del ticket (de hecho, se especifica en los propios tickets). En Alemania esta propina puede ser de un 5-10% del total y lo que se debe hacer (o así nos lo explicaron) es decirle al camarero la cantidad que quieres que te cobre cuando regrese a por la cuenta, tanto si el pago es en efectivo como con tarjeta. Precisamente sobre los pagos con tarjeta comentaré un detalle curioso en mi próximo y último post sobre Berlín. No os lo perdáis!

Bicicleta y flores en Pariser Platz
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*** ( Continuará...)

sábado, 13 de enero de 2018

Berlín (V)

Museo Judío de Berlín
En nuestro último día completo en Berlín habíamos programado la visita al Museo Judío de Berlín. Aprovechando que nuestro Museumpass todavía estaba activo no tuvimos que pagar la entrada, que cuesta 8 euros. El Jewish Museum Berlin es en su conjunto una experiencia arquitectónica y visual del sufrimiento del colectivo judío durante la época nazi. El edificio está construido de modo que escaleras, paredes, ventanas y otros elementos ayuden a los visitantes a situarse en el lugar de todos los judíos berlineses que vivieron aquellos horrores, el desprecio, la soledad, la marginación y el asesinato por el simple hecho de pertenecer a su etnia.

Ventana interior Jüdisches Museum
El edificio, cuya construcción se desarrolló a principios de los años noventa, está diseñado por el arquitecto polaco Daniel Libeskind y con él intentó plasmar la importancia del holocausto en la historia de Berlín. La gran cantidad de espacios vacíos, intrincados huecos, ventanas de tamaños y formas dispares, muchas de ellas sin vistas, el uso de colores grises y materiales metálicos, todo ello contribuye a crear una sensación de desasosiego y soledad con el objetivo de acercar al visitante a aquellos años de irreparable dolor.

Escaleras a ninguna parte, Jüdisches Museum
El museo cuenta con varias exposiciones permanentes que pretenden tener un gran impacto sensorial sobre el público. La Torre del Holocausto es una gran torre cerrada de hormigón a la que se accede desde el sótano, con la única luz de una pequeña abertura en uno de los vértices superiores y por la que también entran los únicos sonidos del exterior. En el Jardín del Exilio se puede pasear por un bosque de pilares de hormigón coronados de vegetación, visualmente llamativo pero imposible de caminar propiamente debido a la inclinación del suelo entre unos bloques y otros.

Jardín del Exilio, Jüdisches Museum Berlin
Hay otra instalación que llama mucho la atención, denominada Shalekhet, donde el visitante puede caminar sobre las 10.000 hojas de acero con forma de rostro diseminadas por el suelo. El conjunto de esta obra ha sido bautizada también como "Vacío de la memoria". Pisar estas caras de acero produce unos inquietantes ecos en la habitación y, en general, una indescriptible sensación de desasosiego. Creo que cualquier persona que visite este museo no puede quedar indiferente ante estas experiencias.

Instalación Shalekhet
Instalación Shalekhet
Tras esta intensa visita cogimos aire para dirigirnos hacia Nikolaikirche, la Iglesia de San Nicolás, una de las iglesias más antiguas de Berlín. Está situada en una pequeña zona peatonal reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial al estilo centroeuropeo, muy cerca de los márgenes del río Spree. La entrada cuesta 5 euros pero la Museumpass también proporciona acceso gratuito.

Nikolaikirche
El exterior de la iglesia es muy característico, con una cúpula de dos torres en pico, totalmente reformada en los años ochenta del siglo pasado. Aunque en el siglo XIX acogía las reuniones del consejo de la ciudad, presididas por el alcalde, actualmente San Nicolás constituye un museo, con muchas piezas religiosas originales y un órgano que ameniza varios eventos musicales anuales. La iglesia también acoge las tumbas de familias enteras de berlineses ilustres.

Interior Nikolaikirche
Muy cerca de allí se encuentra la Knoblauchhaus, una casa-museo de visita gratuita donde se recrea la vivienda de una familia berlinesa de comerciantes de clase media durante el S.XVIII. Aunque la mayoría de las piezas son réplicas de objetos de aquella época, sí se conservan fotos originales y algún documento de la familia que ocupó realmente el edificio. No es nada del otro mundo pero es una visita curiosa que apenas toma unos minutos.

Knoblauchhaus Museum
Con un tranquilo (y cansado) paseo de vuelta a casa y una cena con nuestros amigos desplazados en la capital alemana poníamos fin a nuestro viaje a Berlín, una visita muy fructífera culturalmente hablando y muy enriquecedora en general. En un último post comentaré, como es habitual, los detalles de la gastronomía berlinesa y otras curiosidades que quizás puedan servir a los futuros viajeros.

Stadthaus Berlín
*** (Haz click en las fotos para ampliar)

*** (Continuará...)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Berlín (IV) Segunda Parte

Universidad Humboldt de Berlín
Tras un almuerzo típico y pasado por agua (publicaré una entrada especial, como siempre, sobre las peculiaridades gastronómicas de nuestro destino) atravesamos parte de la amplia avenida Unter den Linden, con la estatua de Federico II de Prusia en el centro flanqueada por los edificios de la Universidad Humboldt de Berlín, el Museo Histórico Alemán y otros organismos oficiales.

Federico II de Prusia en Unter den Linden
Desde allí desembocamos en Gendarmenmarkt, plaza en la que se encuentran las denominadas Catedral Alemana y Catedral Francesa, dos iglesias arquitectónicamente muy similares que se diseñaron siguiendo el modelo de la Piazza do Popolo en Roma. Con una iglesia al norte y otra al sur, en el centro se construyó un teatro nacional (Koncerthaus) y un monumento en homenaje al dramaturgo Schiller, para configurar la que está considerada como la plaza más bonita de Berlín.

Deutscher Dom - Catedral Alemana
En la Deutscher Dom había una exposición sobre la evolución de la democracia parlamentaria en Alemania, bajo el título de "Caminos-Desvíos-Extravíos". En los diferentes niveles de la iglesia había paneles informativos donde se podía leer abundante información sobre el parlamentarismo en la Alemania Imperial, el papel de la mujer en la política y la estructura parlamentaria alemana. También había una recreación de una sala de plenos a imagen y semejanza de la del Bundestag y un extenso programa de actividades relacionadas con el tema. 

La exposición estaba muy orientada hacia los jóvenes, para que conozcan su historia política reciente y el funcionamiento de su país, de ahí que gran parte de los paneles estuvieran sólo en alemán. Por ese mismo motivo nosotros no nos paramos demasiado en esta muestra, aunque nos pareció una idea fantástica aprovechar edificios emblemáticos para estas iniciativas de carácter didáctico. 

En la Französischer Dom había la opción de subir a la cúpula para contemplar la plaza y una parte de los alrededores por 3 euros, pero habiendo contemplado el día anterior toda la capital desde lo alto de la Berliner Dom pensamos que no merecía la pena y nos conformamos con tomar fotografías de los preciosos exteriores.

Gendarmenmarkt
Saliendo por Friedrichstrasse hacia el sur, a muy poca distancia de donde estábamos, nos encontramos con Checkpoint Charlie, uno de los puestos fronterizos más famosos de la ciudad que separaba la zona de control estadounidense de la soviética. En este paso tuvieron lugar varias huidas hacia el Berlín Oeste, muchas de ellas con trágico final. Aunque el puesto fue desmantelado a principios de los noventa, en el año 2000 se reconstruyó la caseta de control y el cartel de advertencia que en los años de la guerra informaba a los soldados y ciudadanos de su situación de peligro si traspasaban ese punto.

El lugar se ha convertido en un reclamo puramente turístico y allí varios figurantes ataviados con uniformes militares de la época posan para las fotografías de los curiosos. Casi al lado está el Museo del Muro (denominado también Museo Checkpoint Charlie por su ubicación), en el que tampoco entramos ya que el ticket costaba 12,50 € y no estábamos seguros de que nos fuera a aportar mucho más de lo ya visto en otros centros de información gratuitos.

Checkpoint Charlie
A apenas una manzana de distancia se encuentra la Topografía del Terror, un centro de documentación ubicado donde estuvo la sede de la Gestapo durante los años treinta y cuarenta. En este moderno museo inaugurado en 2010 hay varias exposiciones sobre cómo funcionaban los servicios de seguridad del nacionalsocialismo y cómo actuaba la Gestapo ante los contrarios al régimen. Toda la información está en alemán e inglés y allí se pueden leer historias terribles que guarda la triste memoria de Alemania. 

Topographie des Terrors
En Topographie des Terrors se exhiben muchas fotografías y muchísimos paneles con datos, por lo que es recomendable visitarlo con tiempo si se pretende absorber todo lo que allí se expone. Hay también exposiciones exteriores, donde se pueden ver restos de las celdas donde la Policía Secreta alemana retenía a los prisioneros. Todo en el centro está tratado con muchísima rigurosidad histórica y mucho respeto hacia las víctimas, algo que se puede respirar en toda la ciudad. Saben lo que significó el régimen nazi para millones de personas y por ello son especialmente cuidadosos con el recuerdo de esa etapa negra para el país.

Topographie des Terrors
Ya bastante cansados volvimos de nuevo por Unter den Linden dando un paseo hacia Alexanderplatz. Por el camino pasamos otra vez por delante de algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad como el Ayuntamiento Rojo de Berlín (Rotes Rathaus) o la Berliner Dom. A pesar de ser una urbe grande, con más de 3 millones y medio de habitantes y miles de turistas cada año, Berlín es una ciudad en la que se camina muy bien y gran parte de lo visitable está en un radio de distancia relativamente pequeño.
 

Rotes Rathaus - Ayuntamiento de Berlín
En Alexanderplatz habíamos quedado con nuestro anfitrión para ir a cenar a un pintoresco restaurante de estilo bávaro. Decidimos encontrarnos con él, como gran parte de los locales, marcando como punto de reunión el Reloj Mundial (Weltzeituhr) situado en un lado de la plaza muy cerca de la estación de tren y metro. En este reloj se puede ver la hora en 24 zonas diferentes del mundo. A sus pies se reúnen diariamente muchos jóvenes y se producen muchos actos reivindicativos de carácter social.


Reloj Mundial en Alexanderplatz
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

*** (Continuará...)

martes, 28 de noviembre de 2017

Berlín (IV) Primera Parte

Museo de Pérgamo
El madrugón del cuarto día en Berlín tenía como objeto llegar pronto a nuestro primer museo de ese día, el de Pérgamo, para evitar aglomeraciones. El Pergamonmuseum está también situado en la Isla de los Museos, a orillas del Spree, y tiene como principal atracción la reconstrucción de la Puerta de Ishtar, en la antigua Babilonia, y el Altar de Pérgamo, sala esta última que no pudimos visitar ya que se encuentra cerrada por reformas hasta 2019. 

Puerta de Ishtar de Babilonia, Pergamonmuseum
MuseumPass en mano accedimos directamente a un enorme hall donde, sin anestesia, apareció ante nosotros la maravillosa Puerta de Ishtar, con sus increíbles mosaicos azulados y sus figuras florales y animales. Al tratarse de un museo sobre todo arquitectónico, la mayoría de las estructuras del edificio componen en sí las obras de arte. La entrada incluye una audioguía que va explicando el origen de las piezas, los mosaicos y su significado.

Puerta de Ishtar de Babilonia, Pergamonmuseum
Por el pasillo de esta sección se exhibe también una recreación del camino procesional de Babilonia, que desemboca en la gran portada. En las habitaciones más pequeñas se muestran restos arqueológicos encontrados durante excavaciones en la actual Irán o Turquía, pertenecientes a dinastías asirias y sumerias. Todas estas exposiciones se incluyen en el área del museo destinada al Antiguo Oriente Próximo.

Camino Procesional de Ishtar, Babilonia
En una gran sala contigua se puede contemplar la reconstrucción de la Puerta del Mercado de Mileto, otra belleza arquitectónica cuidada con esmero. Se trata de una imponente puerta romana de 29 metros de ancho y 17 de alto que se construyó en tiempos del Emperador Adriano y quedó enterrada bajo los escombros por culpa de un terremoto en el siglo XII. A principios del s.XX fue descubierta por un equipo de arqueólogos alemanes y trasladada a Berlín, siendo considerada la pieza mejor conservada del museo.

Puerta del Mercado de Mileto, Pergamonmuseum
Puerta del Mercado de Mileto, Pergamonmuseum
En la parte dedicada al Arte Islámico está la Fachada del Palacio de Mshatta, original de Jordania, el salón de Aleppo (una estancia entera de madera pintada), alfombras españolas y otras piezas menores procedentes de La Alhambra, todas ellas de minucioso trabajo y extraordinaria belleza.

Fachada del Palacio de Mshatta, Pergamonmuseum
Salón de Aleppo, Pergamonmuseum
Arte islámico, Pergamonmuseum
A pesar de que nosotros nos tomamos la visita con bastante calma, en unas dos horas vimos todas las zonas abiertas al público y nos dirigimos a la Alte Nationalgalerie, la Antigua Galería Nacional de Berlín, situada a unos pocos metros del Museo de Pérgamo. 

Alte Nationalgalerie Berlín
Esta pinacoteca tiene una modesta colección de obras del s.XIX y una pequeña selección de esculturas clásicas, entre ellas un "Pensador" de Auguste Rodin. Los cuadros pertenecen sobre todo al romanticismo e impresionismo, con un especial seguimiento a los artistas alemanes de la época como Friedrich. Se exhiben varios Monet, un Van Gogh, un Zuloaga y algunos cuadros menores de otros pintores.

Alte Nationalgalerie Berlín
Pensador, Auguste Rodin - Alte Nationalgalerie
En la época en la que fuimos también había en el museo una curiosa exposición monográfica sobre la Gruta Azul de la isla de Capri, en Italia. El artista de origen polaco August Kopisch la descubrió en 1826 y, a partir de entonces, el lugar fue un atractivo imparable para turistas en general y pintores en particular, que trasladaban a lienzo sus incomparables luces, colores y reflejos sobre el agua.
 
Abbey among oak trees, Friedrich - Alte Nationalgalerie
Por falta de tiempo no visitamos el quinto museo de la Museumsinsel, el Altes, pero su exterior de enormes proporciones y con una portada de columnas jónicas llama poderosamente la atención. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura neoclásica de la ciudad, con una fachada que se abre al amplio parque de Lustgarten.

En general, una de las cosas más agradables de Berlín para los amantes del arte y la historia es pasear por sus amplias avenidas y contemplar la majestuosidad de sus edificios. En cualquier rincón coexisten ejemplos de esta grandiosidad arquitectónica de épocas pasadas y la modernidad de una capital reconvertida en un símbolo de adaptación y tolerancia.  

Altes Museum
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

*** (Continuará...)

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